En la boca cerrada de las cosas,
la palabra alcanza su edad sin testigos.
Lavada por una luz sin explicación,
una piedra sobre la mesa.
Nada en ella consuela.
La tarde cae sobre los objetos.
No avanzar, no ocuparlo todo,
no convertir la pérdida en argumento.
Una superficie quieta, un peso oscuro...
Deja que una sombra encuentre su lugar junto al vaso.
La palabra acompaña
el lento trabajo de desaparecer del centro.
Algo queda ahí, sin dueño,
respirando en la distancia exacta entre la piedra y la mano.

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