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lunes, 28 de septiembre de 2026
Talleres de poesía
Aún estás a tiempo de apuntarte. Aún quedan plazas. El taller se impartirá en el Centro Integral para Personas Mayores (CIM) de Altea. Mira los horarios y dirección exacta en el cartel.
domingo, 27 de septiembre de 2026
Punto de fuga
Desde este poema, la palabra buscará compañía en las artes. No una imagen que la ilustre, sino una obra que la interrogue, la prolongue o revele otro de sus sentidos. Porque un poema no siempre termina en sus versos: a veces continúa en un lienzo, en la piedra o en una forma.
He de salvarme de quererte tanto.
El deseo no es la sala de espera
ni una promesa siempre venidera,
sino el susurro de un lejano canto.
Es darnos la mitad de a saber cuánto
y dejar el resto siempre allá afuera;
cada canción fabrica una quimera
y quedamos prendidos de su encanto.
Elegir cada cual su propia vida,
poder mirarnos siempre frente a frente,
sin invadir los mundos levantados.
Quererte sin borrarme es la salida
y sostener el pulso del presente:
amigos, nunca amantes aplazados.
Raquel Fraga
Remedios Varo, La despedida, 1958
Óleo sobre lienzo, 34 × 24 cm.
Colección particular.
Dos figuras se alejan por corredores distintos mientras sus sombras, proyectadas sobre el suelo, permanecen unidas. La separación sucede en el mundo visible; el vínculo, en cambio, persiste en ese territorio íntimo que no obedece enteramente a la voluntad.
La obra puede leerse como la aceptación de dos caminos que ya no deben confundirse: conservar el afecto sin convertirlo en promesa, elegir la propia vida sin negar cuanto fue compartido. Por eso dialoga con Punto de fuga: ambos hablan de un amor que no desaparece, pero que aprende a no reclamar un destino.
Correspondencia musical
La Bohème, de Charles Aznavour, llegó hasta este poema casi por azar. La compartí porque su música me devuelve a mis años en Londres, cuando la escuchaba con frecuencia y todavía ignoraba cuánto puede permanecer una canción dentro de nosotros.
Después reparé en su final. El viejo pintor regresa a Montmartre buscando el escenario de su juventud, pero ya no reconoce las calles ni encuentra el antiguo taller. El tiempo ha transformado el lugar y las lilas han muerto. Comprendí entonces que la canción también dialogaba con Punto de fuga: ambas obras hablan de aquello que fue verdadero y hermoso, pero que ya no puede recuperarse como forma de vida. La memoria permanece; el mundo al que pertenecía, no.
domingo, 13 de septiembre de 2026
MUERO
Han vuelto las palabras.
Vienen de muy lejos.
Traen cuerpos equivocados.
La piel habla otro idioma,
pronuncia despacio
los nombres que tuvimos.
Nadie nos absuelve.
Tus manos llegan antes.
No preguntan.
Abren la habitación
tapiada de años.
Somos la hora equivocada.
Conocemos
la mala educación del tiempo:
entra sin llamar,
se lleva los muebles.
Dentro
arde una cama.
Tu boca encuentra la mía
al otro lado de los años.
El calendario cae al suelo.
No se rompe.
No hay infinito.
Hay una habitación,
tu respiración,
la mía.
Todavía el fuego.
Después, tus ojos.
Entro en ellos.
Cierro por dentro
y así,
viviéndote,
muero.
Cuando el poema empieza a escribir al poeta
Hay un momento, difícil de señalar, en que el oficio deja de consistir en encontrar palabras y empieza a consistir en quitarlas.
Durante mucho tiempo creí que escribir era decir mejor lo que sentía. Después pensé que consistía en aprender de quienes admiraba. Más tarde llegaron el haiku, la atención, la lectura de Valente y tantos otros autores que fueron ensanchando mi manera de mirar. Sin embargo, algo seguía resistiéndose. Los poemas gustaban. Algunos recibieron premios. Pero yo seguía sintiendo que aún no había llegado al lugar donde quería escribir.
Con el tiempo comprendí que la dificultad no estaba en encontrar una voz, sino en dejar de ocupar todo el espacio con ella. No se trataba de eliminar el yo por una cuestión estética. Se trataba de permitir que el poema respirara. Dejar que una factura sobre una mesa, una grieta en una pared o una palabra como cansancio hablaran por sí mismas, sin la necesidad constante de explicarlas.
He descubierto que escribir no siempre consiste en añadir. A veces consiste en escuchar qué palabras ya pueden marcharse. Quizá ese sea el verdadero aprendizaje: dejar que el lenguaje haga su trabajo antes de imponerle el nuestro. Pienso ahora en dos imágenes que, sin buscarlo, han acabado representando este recorrido.
La primera muestra a una mujer recogida en una cueva, sosteniendo un espejo roto. Durante mucho tiempo pensé que ese espejo hablaba de una herida. Hoy creo que hablaba de una mirada que estaba cambiando; la segunda imagen muestra a una escriba en una biblioteca. Ya no contempla el espejo. Tacha. Espera. Escucha. Comprende que un poema no nace cuando encontramos la frase más brillante, sino cuando somos capaces de reconocer la palabra que sobra.
Tal vez todos los que escribimos atravesamos etapas semejantes. Primero queremos decir. Después queremos escribir bien. Solo más tarde descubrimos que el verdadero trabajo consiste en atender. Y atender no es únicamente mirar el mundo con más precisión. Es dejar que el mundo sienta en nosotros, permitir que su peso, su belleza y su intemperie atraviesen el lenguaje antes de convertirlos en explicación.
Desde ese instante, el poema deja de ser un lugar donde hablamos del mundo para convertirse en un lugar donde el mundo, por un momento, habla a través de nosotros.
jueves, 10 de septiembre de 2026
sábado, 5 de septiembre de 2026
¿Qué es la poesía? I
¿Qué es la poesía?
sábado, 29 de agosto de 2026
CASAS ABRAIADAS
Ao dobrar a curva,
a paisaxe apodérase da historia.
Os ferrollos das casas
cansaron de elaborar a súa ferruxe.
Os portóns de madeira vella
abren paso ao silencio decapitado
pola curiosidade duns pasos sen idade.
Fentos entre castiñeiros e pereiras.
Eucaliptos ergueitos entre silvas e toxos,
e o río, que discorre alleo á verdade,
empápase das escasas chuvias do verán.
O camiño é coma unha liña transparente
onde apenas queda nada por escribir.
Enredadeiras de tristeza esculpen os anos,
borran a alegría do que un día foi un fogar.
A esencia antóllase aos ollos: deleite,
tristeza dun abandono, sen máis.
O esquecemento é simplemente mofo que corroe
a virtude, a esencia e a verdade.
Pregúntome se sería necesario
repensar tan só unha palabra:
«Volver»
Raquel Fraga
Dereitos reservados
viernes, 14 de agosto de 2026
Una palabra donde cabe la estación
En el haiku, el tiempo no suele decirse de manera abstracta: se hace visible. Está en una flor que comienza a abrirse, en la primera helada, en el vuelo de un insecto o en el canto de un animal. A veces basta una sola palabra para que la estación entre entera en el poema.
Esa palabra es el kigo: un término que sitúa el haiku en un momento determinado del ciclo natural. No actúa únicamente como una indicación temporal, sino que incorpora al poema todo cuanto una estación lleva consigo: su luz, su temperatura, sus sonidos y también la conciencia de que nada permanece.
Este haiku nació de una experiencia vivida en la sierra de Mariola:
La perdiz vuela
de pronto las cigarras
guardan silencio
El kigo aparece en el último verso: «cigarras» nos sitúa en el verano. Sin embargo, lo que originó el poema fue algo todavía más leve: el vuelo repentino de una perdiz y la transformación que produjo en el paisaje sonoro. Después de su irrupción, las cigarras callaron. El haiku no trata de explicar por qué sucede; se limita a conservar ese instante en que el movimiento de un animal modifica cuanto lo rodea.
Tuve la fortuna de aprender el haiku con Cristina Rascón, escritora y traductora de poesía japonesa. De ella aprendí que escribir un haiku exige algo más difícil que buscar una imagen hermosa: requiere detenerse, atender y dejar que sea el mundo quien se manifieste, sin apresurarnos a interpretarlo.
Cristina Rascón ha creado también, junto con Diana Lucinda González de Cosío, una herramienta de gran utilidad para quienes escriben o estudian haiku: el diccionario Haiku y kigo. Se trata de un kiyose, una versión sintética del saijiki japonés, que permite buscar palabras y conocer la estación, la subestación y la categoría a las que pertenecen. La página contiene un diccionario japonés y otro mexicano, y permite realizar búsquedas tanto en español como en japonés romanizado o, en el segundo caso, en algunas lenguas originarias de México.
Es una invitación a explorar el tiempo a través de las palabras y a descubrir que la naturaleza posee su propio calendario, escrito en sonidos, animales, plantas, celebraciones y pequeños cambios de luz.
Puede consultarse aquí:
martes, 4 de agosto de 2026
FORMA HABITABLE
Tú sabes dónde estoy.
Yo sé qué parte de mí pronuncia todavía tu nombre
sin que nadie la llame.
No tendremos que negar lo que ha sobrevivido
para aprender a estar en esta orilla.
Bastará con no pedirle al agua
que regrese hasta el lugar donde la juventud nos devoraba,
con no medir los años que perdimos
ni abrir una ventana cada noche
hacia la vida que no nos pertenece.
Hablemos de las cosas pequeñas:
la lluvia que ha caído, una anecdota,
el cansancio que dejan ciertas tardes.
Acércate sin prometer caminos,
dejando que el amor sea verdad
sin obligarlo a convertirse en destino.
No será una amistad.
Tampoco aquella hoguera
donde arrojábamos el presente
para alumbrar lo que nunca sucedería.
Será aprender a sostener el fuego
sin llevarlo hasta la casa.
Los dos tenemos las manos llenas de otro tiempo.
Entre nosotros todavía
caben canciones y poemas.
Pero, si no queremos que el viento nos arrase,
habrá que saber cerrar, de cuando en cuando, la puerta.
No nos pidamos olvido.
Tampoco nos pidamos espera.
Conservemos intacto aquel encuentro:
los cuerpos regresando a una edad que ya no existe,
la certeza de habernos reconocido
después de tantos años de silencio.
Quizá esta sea la forma más sublime
de querernos sin mañana,
sin convertir la ausencia en una herida
abierta para comprobar que aún sentimos.
Estar, sencillamente.
Acompañarnos desde la vida que elegimos.
Y cuando el amor desborde sus orillas,
mirarlo frente a frente,
llamarlo por su nombre
y dejarlo pasar.








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