Buscar este blog

martes, 4 de agosto de 2026

FORMA HABITABLE


Tú sabes dónde estoy.
Yo sé qué parte de mí pronuncia todavía tu nombre
sin que nadie la llame.

No tendremos que negar lo que ha sobrevivido
para aprender a estar en esta orilla.
Bastará con no pedirle al agua
que regrese hasta el lugar donde la juventud nos devoraba,
con no medir los años que perdimos
ni abrir una ventana cada noche
hacia la vida que no nos pertenece.

Hablemos de las cosas pequeñas:
la lluvia que ha caído, una anecdota,
el cansancio que dejan ciertas tardes.
Acércate sin prometer caminos,
dejando que el amor sea verdad
sin obligarlo a convertirse en destino.

No será una amistad.
Tampoco aquella hoguera
donde arrojábamos el presente
para alumbrar lo que nunca sucedería.

Será aprender a sostener el fuego
sin llevarlo hasta la casa.

Los dos tenemos las manos llenas de otro tiempo.
Entre nosotros todavía
caben canciones y poemas.
Pero, si no queremos que el viento nos arrase,
habrá que saber cerrar, de cuando en cuando, la puerta.

No nos pidamos olvido.
Tampoco nos pidamos espera.

Conservemos intacto aquel encuentro:
los cuerpos regresando a una edad que ya no existe,
la certeza de habernos reconocido
después de tantos años de silencio.

Quizá esta sea la forma más sublime
de querernos sin mañana,
sin convertir la ausencia en una herida
abierta para comprobar que aún sentimos.

Estar, sencillamente.
Acompañarnos desde la vida que elegimos.

Y cuando el amor desborde sus orillas,
mirarlo frente a frente,
llamarlo por su nombre
y dejarlo pasar.


orilla barca, fuego


No hay comentarios:

Publicar un comentario