Han vuelto las palabras.
Vienen de muy lejos,
traen cuerpos equivocados.
La piel habla otro idioma,
pronuncia despacio
los nombres que tuvimos.
Nadie nos absuelve.
Tus manos llegan antes.
No preguntan.
Abren la habitación
tapiada de años.
Somos la hora equivocada.
Conocemos
la mala educación del tiempo:
entra sin llamar,
se lleva los muebles.
Dentro
arde una cama.
Tu boca encuentra la mía
al otro lado de los años.
El calendario cae al suelo.
No se rompe.
No hay infinito.
Hay una habitación,
tu respiración,
la mía.
Todavía el fuego.
Después, tus ojos.
Entro en ellos.
Cierro por dentro
y así,
viviéndote,
muero.

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