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domingo, 3 de diciembre de 2017
Torre de sueños
La odisea
sábado, 25 de noviembre de 2017
martes, 14 de noviembre de 2017
La conciencia
Me impacienté. La espera se volvió insoportable, como un zumbido dentro del cráneo. Llamé en voz alta:
—¡Quiero sentirte!
No hubo respuesta. El aire se contrajo, espeso, inmóvil. Volví a llamar, con más furia, con más miedo. Tampoco entonces me respondió.
Grité su nombre una y otra vez hasta desgarrarme la garganta.
Solo el silencio sepulcral me contestó, roto por el leve crujido de las castañas asándose en la lumbre.
Aquella calma olía a renuncia.
No quería enfrentarse a mí.
Seguro pensaba que yo era un monstruo.
No, no… Estaba equivocada.
El monstruo era ella: grande, desproporcionada, invasiva.
Habitaba las mentes vacías y las llenaba de miedo, de vergüenza, de dolor.
Yo solo quería hallarla, arrancarla de su escondite, mirarla de frente.
Mi desesperación era tan inmensa que registraba cada cerebro que encontraba, buscando sus rastros, sus huellas viscosas entre los pliegues del pensamiento.
Decían que no era algo tangible, que su existencia era apenas un síntoma.
Mentían.
Yo lo sabía.
Hoy he metido en formol tres cerebros.
Mi día estaba cumplido.
Me quedé observando los cuerpos sin vida. Aún me miraban con los ojos muy abiertos, como si guardaran el secreto que yo no lograba descifrar.
Entonces pensé:
¿Y si la respuesta estuviera ahí?
Sí… eso debía ser.
Tomé una castaña del fuego y me la llevé a la boca. El sabor era dulce, terroso, antiguo.
Mientras masticaba, descendí al fondo de mi propio abismo.
Allí, en ese silencio que ya no era del mundo, supe que, al fin, la encontraría.
miércoles, 25 de octubre de 2017
viernes, 15 de septiembre de 2017
martes, 5 de septiembre de 2017
Oleaje
de agua y sal








