No en la hora vulgar, ya de aquel olvido,
sino donde la tarde al alba espera,
volverá a arder la sangre verdadera
sobre el mármol del tiempo detenido.
No pedirá la culpa lo perdido,
ni abrirá su prisión la antigua fiera;
sólo verá la luz, tan grave y entera,
lo que en sombra quedó, nunca extinguido.
Morirá, al fin, el huésped de esos días,
la pálida ficción, sombra evidente,
que alimentó en silencios utopías.
Y quedarán, al borde del presente,
dos almas que "desnudas poesías" ,
se reconocen, por fin, frente a frente.
