miércoles, 22 de agosto de 2018

SIN HORA

No importa la hora del día
para escribirte con mis manos,
con mis pies, con mi lengua,
con mis ojos, con todo mi ser.

El tiempo se siente incapaz
de interrumpir al tiempo,
cuando alcanza nuestra eternidad.
Aún permaneces en aquel primer beso
que se niega a morir en su agonía.

Me alimento de esas huellas irrecuperables;
poderosa razón del antes, del durante
      y del después.
Del recuerdo que se hace presente
y, al asomar a la verdad
 desaparece con la luz.




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