miércoles, 25 de julio de 2018

Verano mil novecientos setenta y siete

Fue aquel verano, ¿lo recuerdas?
Un día especial, mi cumpleaños.
Las flores de mi falda brotaban impetuosas
sobre un fondo verde descarado.
Una camisa blanca, de esas de buena tela
y los picos del cuello largos.
Los zuecos azul marino, eso sí, altos.
Tu madre no paraba de hablar con la mía;
Se reían entre murmullos
 pensando en dos adolescentes
que iban a tener su primera cita.
Al fin apareciste en la puerta
lleno de tu voz
y las flores de mi falda se abrían
camino del autobús.
Un cine que ya no existe.
Una película:
“The white buffalo” 1977
“Charles Bronson”
Una discoteca que también se fue;
un baile lento en la pista
 y unos besos que pedían ser
 se quedaron en mi boca
como el buceo de una pasión libre
en el Cantábrico de la eternidad.
Hoy, concentrada e inmóvil
permanece tu cara en mi memoria,
más allá del calendario que sacude
la vejez de su papel.
Incluso ahora que no estás
sigues dentro de mí,
 y al caer la tarde
me dejas abrazarte
mientras escuchamos
aquella música, ¿recuerdas?
"Richard Clayrdeman".
Aún intento que sus notas
me expliquen el porqué.



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